sábado, 28 de junio de 2008

Frank Delgado (Cuba)

Frank Delgado nace en Minas de Matahambre, Pinar del Río, el 19 de octubre de 1960. Es graduado de Ingeniería Hidráulica en el I.S.P.J.A.E. Se inicia formalmente en el Movimiento de la Nueva Trova en julio de 1979 y se vincula con trovadores de su generación como Santiago Feliú, Carlos Varela y Gerardo Alfonso. Durante la década de lo 80 participó en todas las plazas fijas y temporales de la Nueva Trova.
Ya en los 90, su trabajo se ha mantenido de manera ascendente y constante, y dan fe de ello sus presentaciones en el Teatro Nacional de Cuba. Más de dos centenares de ciudades en países de Africa, Europa y América Latina han disfrutado de los recitales de este trovador itinerante. Además ha compartido escenarios con Silvio Rodríguez, Luis Eduardo Aute, Daniel Viglietti, Juan Carlos Baglietto, Fito Paez y, por supuesto, sus colegas cubanos de generación.
Trovador en edad difícil, ingeniero hidráulico de la canción, trotador de las tardes por Quinta Avenida, hijo varón de Pancho y Migdalia, ha cometido un costoso error: abrirse paso A guitarra limpia. Abandonar los planos, los tubos y otras piezas para apostar a tiempo completo, desde los años ochenta hasta hoy, por la canción inteligente. Y digo error, porque en su apuesta nos beneficia a todos, pero se marca con la impronta de las dificultades: cantar su tiempo como un Homero helénico a cambio de muy poco, sufrir las agonías del ser más cercano, convertirlas en propias, para eternizarlas a través de las cuerdas y la voz.
A juicio del que escribe, Frank Delgado, es el trovador cubano más comprometido de los que en su generación asumen ese reto, arriesga hasta el delirio y en su canción, a veces directa, a veces sentida en los planos más íntimos, a veces con la propuesta del signo más épico, la vanalidad, la superficie y el ejercicio fácil no ocupan espacio. Con la adarga al brazo, Espíritu y consumo, Veterano y tantas otras, son textos que hubiera querido escribir, y, además, pruebas de que la voz de una generación está latiendo y existe, A guitarra limpia.
No fue fácil. Para los nacidos después del triunfo de la revolución cubana la música también era sinónimo de política. Aún más, era sinónimo de trova, de Silvio Rodríguez y su Unicornio creador de canciones urgentes; y de Pablo Milanés y su voz diáfana cantando “Yo pisaré las calles nuevamente”.
Era equivalente a encasillamiento asentado (se forjó el término novísima trovan para no tener que nombrarlos uno por uno) y herencia asumida.Fue así. Músicos como Santiago Feliú, Carlos Varela o Frank Delgado, nacieron en los 60, escuchando la poesía hecha canción de Silvio y Pablo, pero con la certeza de haber superado la época de entusiasmo exacerbado de los años que sucedieron al triunfo de los barbudos de la Sierra Maestra. “Si la nueva trova fue la banda sonora de la revolución, nosotros fuimos los críticos”, dice Delgado, que se encuentra en Santa Cruz para actuar hoy a las 20:00 en la Casa Municipal de Cultura. Más por coincidencia que por casualidad a él y a sus colegas les tocó vivir e iniciar su carrera en tiempos de la debacle de la industria fonográfica isleña. Eso causó que las producciones sean tardías.
“El primer disco de mi generación fue editado por Santiago Feliú en 1984, en Argentina. En Cuba sólo había un estudio y allí sólo grababan los consagrados”, explica. Fue así que la producción de los trovadores de esta generación se realizó fuera de Cuba. La música compuesta por los jóvenes no llegaba a la gente sino de boca en boca y eso marcó el sabor especial de su música. Se convirtieron en verdaderos trovadores, en una especie de tribunos con voz para cantarle al gobierno que la revolución no era perfecta. “Pienso que la revolución cubana tuvo un gran período que fue de entusiasmo, pero cuando se institucionalizó como que se perdió un poco. Hay momentos en que creo que es usura lo que se está haciendo con la revolución. Se ha convertido en un hecho cotidiano que te puede desgastar, lo económico te puede desgastar porque no sólo de política vive el hombre”, dice. Delgado considera que el cubano que no hace política es porque no hace vida social o porque no trabaja.Criado en pleno apogeo de la revolución, aprendió sobre Marx y el materialismo histórico en el colegio, aunque luego olvidó todo “como venganza”. Y es que la masa y la cantera ilusionaba a los de la novísima trova, pero también el contar historias. Delgado ve ahí una diferencia. En vez de la poesía que caracterizaba a la nueva trova, los de la novísima incursionaron en la crónica, en contar historias. Cada canción se convirtió en un pequeño cuento cargado de lugares comunes, historias y, en muchos casos, denuncia o alerta sobre una situación que consideraban injusta. Pero no hubo ni rompimiento ni reproche hacia la generación anterior.
Es más, Delgado considera que si hubiera vivido los días de la Revolución Cubana hubiera hecho las mismas canciones que Milanés o Rodríguez. “La nueva trova siempre fue bastante ácida, pero es de la etapa de entusiasmo de la revolución y creo que yo hubiese hecho lo mismo: cantar a los cambios de la sociedad, del hombre nuevo del Che. Pero la gente va cambiando y los jóvenes no tienen el mismo pensamiento que Silvio o Pablo”, comenta. El autor de trova tur, asegura que la importancia de los trovadores en los 80 fue que escucharon a la gente que estaba inconforme con el estatismo de la sociedad cubana y entonces empezaron a cantar sobre esos problemas. El dilema que planteaba esa decisión era o ser fiel con la gente que esperaba escuchar su realidad reflejada en las canciones o convertirse en una especie de trovador de la corte de la Edad Media. “En Cuba es como en la edad media, donde habían trovadores de la corte y trovadores del pueblo. Unos decían que el rey era muy simpático, que la reina era bella; y los otros, que la reina no se baña y que el rey se come toda la comida que le saca al pueblo.
Esos no cantaban en las plazas públicas, pero sus coplas pasaban de boca en boca, por tradición oral”, explica. Es por eso que el cantautor que ha subido al escenario con Silvio Rodríguez, Aute, Fito Páez o Viglie-tti, sigue viviendo en la casa de sus padres a los 42 años y no le han dado auto o las facilidades que reciben los cantantes complacientes con los 44 años de revolución. “Yo no sé cómo se hace un país pero sí se cómo no se hace.
Y en Cuba hay cosas que no deben ser así. Así no sirve y tengo el derecho a decirlo. Cuando hubo una atención desmedida al turista, cuando empezaron a ser más importantes que el cubano, la gente entendió los mensajes que mandamos artistas en canciones y en manifestaciones de la plástica. El discurso del artista es muy completo, es más poderoso que una bomba”, dice.
Admirador de Chico Buarque, al principio soñaba que sus canciones fueran alguna vez interpretadas por Rubén Blades. Ahora el componer se ha vuelto un hecho más personal, más íntimo y egoísta. Como regla, sólo hace música con la que se siente identificado y se identifica con los músicos que se esfuerzan como él para mostrar un poco del mundo que lo rodea en sus canciones. Para esta noche, promete entregar al público cruceño una historia cantada.
El trovador volverá a ser ese tipo misterioso que marcha con su guitarra de pueblo en pueblo, que se convierte en tribuno para contarle a la gente esas cosas que se le suelen perder.


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